Alianzas sin beneficio social

 

A diferencia del corazón de la ciudad, con edificios enormes, comerciales y restaurantes; los asentamientos en los alrededores de la línea del tren muestran una realidad diferente. Los hay por toda Guatemala, unos más grandes y otros pequeños, con gente diversa, pero que comparten un mismo sentir: la incertidumbre de no saber si en un futuro próximo pueden ser desalojados.

Por Angélica Medinilla

Falta poco para las cinco de la tarde, el cielo está despejado pero no tardará en oscurecer y  afuera de las casas los vecinos  platican entre sí mientras sus hijos juegan “tenta” o compran un tortrix en la tienda. Las patojas más grandes se ríen mientras comentan el último capítulo de una telenovela sentadas en la banqueta frente a una iglesia evangélica.

 

Huele a tierra húmeda, no es por la lluvia, son las señoras que barren el frente de sus casas y para no levantar el polvo, mojan la tierra antes de utilizar la escoba. Doña María Elena regaña a un grupo de adolescentes que juegan a la pelota utilizando la línea férrea como campo: “patojos, no miran que estoy limpiando”, les grita. 

 

Hay niños en cada rincón. Una niña juega sola, tiene a sus muñecas tomando el té en unos sillones de automóviles colocados como sala de estar en el exterior de una casa, otro niño recoge tierra en una botella de plástico para luego descargarla en un camión de juguete. Dos niñas van y vienen en una bicicleta rosada recorriendo las vías.

 

A pocos metros de las primeras viviendas del asentamiento Kern’s ubicado en el kilómetro 6 de la carretera al Atlántico, hay un cartel blanco con letras negras que dice: “Propiedad de Ferrocarriles de Guatemala” y en rojo el artículo 257 del código penal, “Al responsable de usurpación se le impondrá la pena de dos a seis años de prisión”.

 

Más adelante tres señoras platican afuera de una vivienda de lámina junto a otro cartel de Fegua. Dos están sentadas en botes vacíos de pintura y la más anciana, en los rieles del ferrocarril. Se levanta una de las mujeres, viste una falda larga y vaporosa rosada, tiene el cabello negro y rizado, agarrado con una cola. Empieza a ofrecer su mercadería –dvd’s de películas piratas–

 

–Pregunte seño… tengo muchas películas, mire cual le gusta mamita, sin compromiso…

 

Su nombre es Francisca y tiene 25 años viviendo a un lado de la línea del tren. Siempre ha sido comerciante, antes se dedicada a la venta de pollo frito, pero en la calle Kern’s, –al costado izquierdo del asentamiento– abrieron una franquicia de Pollo Pinulito y ahora se dedica a vender películas. A los minutos llega un posible cliente y Francisca vuelve al negocio ofreciendo su mercadería.

 

Las viviendas son en su mayoría construcciones de lámina, aunque algunas familias construyeron casas formales de bloques de cemento aún bajo la advertencia de no hacerlo, porque carecen de un respaldo de las propiedades, además de estar dentro del espacio restringido para las vías del ferrocarril.

 

A las seis de la tarde, los adultos empiezan a llegar a sus hogares. La mayoría forma parte de la economía informal: vendedores ambulantes, ayudantes de buses o trabajadores en puestos de mercado o en la calle. Sandra, una mujer de 36 años, vecina del lugar, se dedica a “vender cualquier cosa”.  Ahora está realizando manualidades para la época navideña y también vende comida y ropa que le regalan.

 

Sandra vive en el asentamiento desde que tenía 14 años. Sus padres la sacaron de su casa –en una colonia aledaña, La Juana de Arco– al quedar embarazada. Hace 22 años no había muchas familias viviendo en la línea férrea. Vivió con doña Francisca durante un tiempo y luego empezó a trabajar en el bar “El Paso” poco a poco se fue involucrando en la prostitución. “Dejé esa vida, porque no me llevaba a ningún lado, ahora prefiero tener poco pero darles un buen ejemplo a mis hijas” –Tiene nueve hijos y dos nietos a su cargo–

 

Del lado derecho al asentamiento está el condominio Casa Florentina, de reciente creación. Han arreglado las fachadas de las viviendas por donde se encuentra la entrada a la lotificación, pero al  ver a los lados el contraste es marcado. Un muro perimetral los divide y arriba de este, cables de alta tensión. Varios guardias vigilan la entrada y otros se ubican en los alrededores. Desde la línea ferroviaria se observan las torres de 14 niveles aún en construcción destinadas para la venta de apartamentos, propiedad del mismo condominio.

 

Aníbal Ixcoy Solís, presidente del Comité Único de Barrio (CUB) asegura que el asentamiento es tranquilo, son gente pobre pero honrada y trabajadora. “Si alguien quiere vivir aquí, nosotros decidimos si se queda o se va. No aceptamos personas tatuadas o con vínculos a maras. Hace un tiempo vinieron unos jóvenes pero los sacamos porque descubrimos que ellos eran los que estaban detrás de varios robos a las familias”.

 

En el asentamiento Kern’s viven 268 familias repartidas a ambos lados de la vía férrea, ocupan aproximadamente un kilómetro. Se conocen y todos contribuyen al bienestar de la comunidad. En el 2011 se organizaron para participar en el plantón frente al Congreso que duró varios meses hasta la aprobación de la ley de la Vivienda en febrero del 2012. Doña Mirna y su hija, Luisa, participaron en la actividad. Actualmente viven al final del asentamiento, su casa es de block y esperan que no los desalojen del lugar porque perderían la inversión que realizaron.

 

La organización de los vecinos del asentamiento Kern’s y el pequeño tamaño del lugar han incidido en que Ferrocarriles de Guatemala (Fegua) se interese por implementar su plan piloto de reubicación con ellos.

 

Propuesta de Fegua

 

Ferrocarriles de Guatemala (Fegua) trabaja en planes de inclusión habitacional, social y cultural de las poblaciones asentadas a orillas de la línea ferroviaria. El proyecto contempla la reubicación de los pobladores a un solo lado de la vía férrea en un espacio de 10 metros. Según los estudios de la entidad, se ha demostrado que el ferrocarril en Guatemala ha circulado en espacios de 33 pies de ancho, equivalentes a 10.06 metros sin problemas.

 

El Plan Piloto se trabaja en el asentamiento Kern´s, se planea la construcción de 150 módulos habitacionales, en un kilómetro de la red. Miguel Ángel Samayoa, jefe del departamento de Ingeniería de Fegua, dijo que cuentan con el ofrecimiento de la iniciativa privada para contribuir con el 75 por ciento de materiales para los primeros edificios en el plan.

 

El proyecto contará con servicios, como salón comunal, puesto de salud. Serán construidos con materiales anti sísmicos, acústicos, térmicos con suficiente ventilación, espacio de movilidad, de reuniones y áreas verdes para para los niños.

 

Posteriormente se procedería a la elaboración de un Plan Maestro diseñado para beneficiar a 70 mil familias con módulos habitacionales a lo largo de los 814 kilómetros de la línea férrea. El Estado sería el encargado de la logística en cuanto a la construcción vertical de los módulos. Las personas pagarían una cuota mensual a establecerse por medio de un estudio socioeconómico de las familias asentadas y al cancelar el total de la deuda, se les garantizaría el derecho a la propiedad.

 

La propuesta tiene el apoyo de Asociación Coordinadora Nacional de Asentamientos de la Línea Férrea -ACONALFER- que aglutina a representantes de 53 asentamientos.

 

Contrastes cercanos

 

Cinco años atrás se inició la construcción  del condominio “Casa Florentina” del Grupo Rosul, al lado derecho del asentamiento Kern’s, separados únicamente por un muro perimetral. Las construcciones informales de la línea férrea contrastan con las del condominio que tiene piscina, gimnasio, áreas verdes y canchas. Las viviendas tienen un valor que oscila en los 500 mil quetzales.

 

Todavía están culminando tres torres para venta de apartamentos, y a un kilómetro del asentamiento, cerca de Centra Norte, llevan medio año construyendo el nuevo proyecto “Casa Florentina Premier”. Grupo Rosul tiene ocho condominios terminados y entregados en la zona sur y norte del país y siete en proceso de construcción.

 

Vecinos del asentamiento coinciden en que desde la propagación de lotificaciones en los alrededores,  se quedó en el aire la posibilidad de reubicarse a un costado de la línea del tren. “Lo que quieren es que nos vayamos porque les arruinamos el paisaje. Pero no piensan en que nosotros llevamos más de 20 años de estar aquí y ellos acaban de venir. Aquí está nuestra vida”, comenta Juan García, vecino del asentamiento Kern’s.

 

Con la próxima implementación del tren urbano y anillo transversal los empresarios están invirtiendo su capital de forma apresurada en el área norte del país, quedan pocos terrenos baldíos y la situación de los asentados es incierta. El tramo del proyecto iniciaría en Centra Norte (km 8.5) Carretera al Atlántico –a dos kilómetros del asentamiento Kern’s– hasta el final de la Calzada Atanasio Tzul, utilizando el derecho de vía del ferrocarril y conectando con la Central de Mayoreo, CENMA, zona 12.

 

 

Alianzas entre el Estado y empresarios

 

El año pasado fueron programados cuatro proyectos de alianzas público-privadas: el Puerto Seco en la frontera con México; el Ferrocarril del Pacífico; el Centro Administrativo del Estado y la autopista urbana de 71 kilómetros.

 

Las alianzas público-privadas son contratos de actuación conjunta que permiten a ambas partes alcanzar sus propios objetivos, que no tienen por qué coincidir. Es una herramienta que facilita la privatización de los servicios públicos y bienes comunes.

 

Julio Héctor Estrada, director de la Agencia Nacional de Alianzas para el Desarrollo de Infraestructura Económica (Anadie), no ve viable la propuesta de Fegua, de ceder 10 metros a los asentados y opina que los espacios de las vías son valiosos para la ciudad y sería difícil recuperarlos.

 

Fegua impulsa el proyecto para la construcción del tren-tranvía o suburbano (Tren-tram) y construcción de módulos habitacionales a un costado de las vías del tren. Pero Anadie propone la combinación de proyectos, El Tren-Tram con la creación de una autopista de cuatro carriles que le daría vida a un anillo transversal por lo que no quedaría espacio para la reubicación de los asentados.

 

El Gobierno de Guatemala brinda su apoyo a Anadie. A través del Programa Nacional de Competitividad (Pronacom) del Ministerio de Economía, ha recibido un financiamiento de 20 millones de dólares, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con el proceso BID 1734/OC-GU-FC-002-2014 para la ejecución del Programa de Apoyo a las Inversiones Estratégicas y Transformación Productiva.

 

En 2014 se hizo la evaluación de estudios bajo el nombre de “Iniciativa de alianza para el desarrollo de infraestructura económica del Proyecto de Interconexión vial y transporte ferroviario interurbano de pasajeros del eje Norte-Sur de la ciudad de Guatemala”.

 

Las bases del concurso internacional debían estar listas para este año, y el modelo económico de financiamiento sería una alianza público-privada. Pero con la crisis política los planes quedaron estancados. La inversión se calcula entre US$450 millones a US$500 millones. En cuanto al tren suburbano se estima que podría llegar a costar US$200 millones —Q1 mil 550 millones—.

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